lunes, 9 de agosto de 2010

Cuando hablan los niños

Un niño de 4 años tenía un vecino ya anciano a quien recientemente se le había muerto su esposa. El niño, vio al anciano sentado en un banco del patio, llorando su pérdida. Se fue hacia él y se sentó en su regazo. Cuando su mamá lo vio, le preguntó que le había dicho al vecino y el pequeño niño le contestó: “Nada… sólo le ayudé a llorar”.


Debbie Moons, maestra de primer grado, estaba discutiendo con su grupo de alumnos un cuadro en el que estaba pintada una familia. En la pintura había un niño que tenía el cabello de diferente color al resto de los miembros de la familia y uno de los niños del grupo sugirió que el niño de la pintura podía haber sido adoptado. En ese momento una de las niñas dijo: Yo sé mucho sobre el tema de las adopciones, porque yo soy adoptada. Todos se quedaron en silencio, porque muchos no entendían lo que significaba ser adoptado. Uno de ellos preguntó ¿Qué significa ser adoptada? Y la niña le contestó: “Significa que uno no crece en el vientre de su mamá sino que crece en Su corazón”.


Una niña de 4 años estaba con su pediatra. Mientras el doctor le revisaba los oídos con el otoscopio, le preguntó: -¿Crees que por aquí adentro encontré el pajarito Abelardo? La niña permaneció en silencio.


Enseguida el doctor le pidió que abriera la boca y mientras revisaba su garganta le preguntó: -¿Crees que ahí dentro encontraré el monstruo galletero?... Y de nuevo la niña no contestó nada.
El doctor puso el estetoscopio en el pecho de la niña y mientras escuchaba su corazón, le preguntó: -¿Crees que escucharé al osito Barney ahí adentro? –Oh no, contestó la niña, Barney está pintado en mis zapatos. “En mi corazón está Dios”.


Siempre que tengo la tentación de decepcionarme por mi vida, me detengo a pensar en el pequeño Jaime.


Jaime estaba intentando conseguir un papel en una obra e la escuela. Su mamá me dijo que había puesto su corazón en ello pero aún así, temía que no fuera elegido. El día que fueron repartidos los papeles de la obra, yo estaba en la escuela y vi como Jaime salió corriendo con los ojos brillantes de orgullo y una gran emoción. “Adivina qué mamá” me dijo gritando las palabras que permanecerán como una lección para mí: “He sido elegido para aplaudir y animar”.


Extraído de Reflexiones para el Alma de J.L.Prieto

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